¿Elegimos libremente nuestra dieta?

¿Elegimos libremente nuestra dieta?

La publicidad, la falta de tiempo, la comodidad, el precio… los alimentos frescos son caros, la comida basura es barata y está por todas partes. El entorno alimentario en que nos movemos condiciona nuestras decisiones. Un caso extremo se encuentra en Barbados.

Barbados es una pequeña isla caribeña de menos de 300.000 habitantes. Durante décadas, su sector agrícola se centró casi exclusivamente en la caña azucarera para exportarla, pero hoy, con la pérdida de las exenciones arancelarias, esto ha perdido sentido. A pesar de que el Estado intenta relanzar la actividad ganadera o la producción de yuca, los barbadenses se ven obligados a importar de otros países prácticamente todo lo que comen. Uno de cada tres adultos es obeso en este país.

“Si tú tienes sed y vas a comprar agua embotellada, pero es más cara que un refresco azucarado, puede que acabes comprando este último, sobre todo si tienes poco dinero”, explica Hawkes. Y si pensabas comprar cebollas, frijoles y verduras para preparar un guisado, pero en las tiendas no los encuentras (o están muy caros), pero ves por todas partes latas de recetas similares listas para calentar y comer (y además más baratos), también es probable que te decantes por estas últimas.

“Parece que nuestras elecciones son libres, pero es una ilusión”, sostiene Anna Taylor, de la ONG británica Food Foundation. Esa libertad, coinciden los expertos, viene delimitada por la disponibilidad de los productos más o menos saludables y por su precio. Pero también por el conocimiento y la información de los ciudadanos. En Chile han abordado esta cuestión con una ley de etiquetado denostada por la industria alimentaria.

“El marketing de alimentos para el público infantil está muy extendido y funciona: se ha probado que influye negativamente en sus elecciones y patrones de consumo y los mensajes sobre alimentación saludable”, según Knut Inge-Klepp, del Instituto de Salud Pública de Noruega (25% de obesidad entre adultos). En el país escandinavo llevan años con un comité de empresas que autorregula sus mensajes publicitarios para los menores de 13 años. “Grandes empresas como Coca-Cola o McDonald’s se han adherido y sufrido sanciones conforme al código voluntario: parece que funciona”, explicaba Inge-Klepp en un simposio internacional sobre nutrición el año pasado.

El mediático médico australiano Sandro DeMaio, que trabajó para la OMS, insiste en que no se puede cargar la responsabilidad sobre quienes sufren sobrepeso y obesidad: “En una clase con 30 alumnos, si un alumno suspende, podrías decir que es su culpa. Si suspenden 20, la culpa es del profesor”, ilustra. Con tres de cada 10 habitantes del planeta con sobrepeso, DeMaio se pregunta: ¿cómo seguimos señalando al individuo? Así perdemos de vista un sistema que no funciona”.

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